miércoles, 23 de septiembre de 2009

Cementerio de palabras

Así llamaba Cortázar al diccionario, mostrador de significados útiles, es cierto, pero también repositorio de miles de palabras en desuso. Recuerdo que el diccionario de la Real Academia definía la zampoña como una "pipiritaña que se construye con tubos de alcacer" ¡Joder! Pipirigaña sería nuestro "Píchirin píchirin gallo, quién te cortó la mano, la vieja pelada…", juego del cual ya pocos se acuerdan. Como hay el pipirigallo, una planta herbácea, aunque en Nicaragua quiere decir clítoris.
Pipirijaina es una compañía de cómicos de la legua (plop); y piporro es el que toca fagot. (Jua). Veamos otra sílaba: "putamadral" es una expresión atribuida a los mexicanos que juro no haber escuchado jamás mientras viví en ese bendito país y quiere decir "barbaridad". Dicen que en Uruguay "queco" es prostíbulo, y "quegua", modismo boliviano, es lo que entendemos por khewa. Quesiqués (jay, qué pues es?) Es un enigma.
Rabiazorras dizqué es el viento que sopla de donde nace el Sol. Camilo José Cela hablaba de "izas, rabizas y colipoterras" para complicar aun más la clasificación de las damas de honor abollado. Y resulta que "izgonzar" es "esconzar" y esconzar es "hacer a esconce"; y esconce es un ángulo; con lo cual todos nos vamos a la fiut.
Resulta que "escoñar" es estropear: "se estropeó el invento" (jua); y "escopecina" es escupitajo.
Un escriño es una cesta, y un tipo "escuchimizado" es un tío flaco y débil.
El habla popular crea y recrea continuamente palabras y significados. García Márquez alba el habla mexicana porque es la más creativa de la inmensa república castellana, y pone como ejemplo la sutil diferencia entre méndigo y mendigo: "Mendigo es el que pide limosna; méndigo, el que no la da." Este domingo encontré otra acepción en una hermosa película protagonizada por Pedro Infante y Jorge Negrete: "Méndigo es y no mendigo / el que roba a sus amigos."
En fin, con ayuda del cementerio de palabras, podríamos intentar un cuento breve como el que sigue:
Pepita, conspicua colipoterra del pueblo de Alcocer solía soplar la pipiritaña y jugar al pichirin gallo en las ventas donde se alojaba luego de viajar con la pipirijaina. Le acompañaba Luis, el piporro, y por las noches se armaba un putamadral que para qué te cuento. Pero si la venta parecía un queco, y a Pepita le encantaba senitr cosquillas en el pipirigallo.
Llegó por entonces un quegua boliviano y la cosa se complicó, pues izas, rabizas y colipoterras se morían de la envidia. Pepita decía que daban ganas de escoñarlo al quegua ese, y Luis amenazaba con soplarle una escopecina al pobre y escuchimizado tío.
Así las cosas, al quegua se le ocurre izgonzar el vano de una puerta y se empeñó en trazar el esconce a ojo de buen cubero. ¡Dios, esta vez fue él quien escoñó la venta entera! Con lo cual, todos nos fuimos a la fiut.
¡Con razón se murmuraba que el quegua era un vanistorio! A tal punto, que ni siquiera usaba una vánova para abrigarse. Y eso que era un gañán friollego y frondío.
¡Con estas palabras, no se necesita estudiar noruego ni volapuk!
Los japoneses comen carne
Amable lector, amable lectora: ¿alguna vez has degustado la suave y liviana textura del sushi o el sashimi, emblemas de los restaurantes japoneses? Lo has hecho para evitar comer carne, ¿no? Has pensado: Sabios y sanos estos japoneses que evitan comer carnes rojas, ¿verdad? ¡Pues desengáñate! Según la agencia EFE, "Japón está a punto de afrontar la mayor revolución de su historia en los hábitos alimentarios, quizá este mismo año, cuando por primera vez la cantidad de carne consumida en los hogares nipones supere a la de pescado y marisco."
Cientos, quizá miles de años que el pueblo nipón se alimentaba de arroz y frutos de mar, según enseñaba su historia y su cultura, al punto de ubicarse entre los primeros consumidores de pescado en el mundo, por encima de los países más ricos y apenas atrás de países pesqueros como Maldivas o Islandia.
Sin embargo, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, el consumo de carne de res tuvo un continuo ascenso y en 2005 pescados y carnes empataron a 13 kilogramos de promedio anual en la preferencia del próspero pueblo japonés. Ferdnand Braudel apunta que uno de los efectos de la preferencia por el buen asado podemos encontrarla en el aumento del promedio de estatura de los jóvenes japoneses. Como referencia, en los 60s el consumo de pescado y mariscos per cápita llegaba a los 16 kilogramos, en tanto que el consumo de productos cárnicos llegaba sólo a 6.
Muchos occidentales han vuelto los ojos al sushi y el sashimi, al tempura y al tepanyaki con la esperanza de librarse de tres de los cuatro grandes azotes del Occidente actual: el colesterol, los triglicéridos, el ácido úrico, que se completan con el Sida. Así podemos confirmarlo en Estados Unidos, Europa o China, pero incluso entre nuestras bellas damitas y donceles de alcurnia. Yo mismo, pese a mis sólidos hábitos criollos, no me siento muy seguro últimamente. Pero viene la nota de EFE ¡y nos patea el tablero! ¡Nos remueve el piso!
El gobierno nipón atribuye el cambio a los siguientes factores: los laboriosos japoneses comen cada vez más en la calle; los precios de pescados y mariscos han subido; y asar una carne es bastante fácil para una mujer japonesa que se incorporó con decisión al mercado laboral. En los 60s, sólo un 7% de japoneses comía fuera de casa; en 2005, ese promedio se disparó al 17%.
Pero el dato que sigue sí es para rasgarse las vestiduras. Uno se imagina a los japonesitos comiendo eternamente arroz, ¿no? ¡Pues no es cierto! Según EFE, "la proporción de arroz sobre el total de comidas se ha desplomado desde algo más del 16 por ciento en 1965 hasta poco más del 4 por ciento en la actualidad."
El Libro Blanco que mencionamos advierte sobre los riesgos de la dieta cárnica frente a las ventajas de la dieta marina, y los expertos advierten sobre el impacto económico que podría tener la ola carnívora en el Japón que cuenta con la mayor flota pesquera del mundo, que genera empleo para más de 231.000 pescadores.
"Japón es el sexto mayor exportador de productos del mar del mundo, con el 1 por ciento de las ventas mundiales en 2003 en términos de valor, y el primer importador del mundo, con más del 18 por ciento del total mundial", agrega EFE.
Atribulado lector, atribulada lectora: ¿Y ahorarí, imanasajtaj? ¿Qué hacemos?