miércoles, 23 de septiembre de 2009

Más Calaveras mexicanas

Así como nuestra fiesta del Día de Muertos se llena con thantawawas,
cruces, canastitas de caramelo y wallunkas, así México se llena de
Calacas, esqueletos vestidos con trajes típicos que bailan, cantan,
beben y aman. Un complemento son las hojas sueltas o pequeños
periódicos que traen impresos grabados de calaveras y diversos formas
del verso castellano, en especial la décima y la valona, que son las
más características. Veamos algunas. La que sigue es una hoja impresa
de la colección Francisco Pérez Salazar, de 1858, hoja suelta impresa
de propiedad de Mateo Rodríguez, que circuló en Puebla en ese año.
Titula: "Ya te miro, Calavera, con tu chinita paseando, con un diente
y una muela, ¡qué paquete te vas dando!". Y dice así: Hoy que es día
de Todosantos, / dice un loco en sus tonteras, / son muchas las
calaveras / y pocos los camposantos. / Con cuidado, rifladores, / que
la muerte ya llegó, / pero ya se emborrachó / con cerveza de frijoles.
/ Trae quinientos cargadores / con su reata y mecapal, / pa llevarlos
a cortar / a droguistas de deveras / y llevarlos a enterrar / todas
estas calaveras. / Todos con gusto y placer / a las rifas van llegando
/ el dinero van largando / allí el hombre y la mujer / a otro día para
comer / van llevando las prenditas, / hay sermón de las viejitas, / no
hay ofrenda ni pa velas / pa las santas animitas / ¡Pobrecitas
calaveras!. / Calavera el licenciado / y el doctor en medicina, /
todos pelan su gallina / boticarios a su lado, / calavera el
magistrado, / dice el loco en sus quimeras: / Todos jalan las monedas
/ sacristán, ministro y cura, / entrando a la sepultura, / todos
quedan calaveras. / Calavera el panadero, / calavera el impresor, /
calavera el aguador, / toda clase de ranchero; / el pintor y el
rebocero, / todos se han de atirantar; / al sepulcro irán a dar /
General con charreteras / sus parientes a llorar / a estas rancias
calaveras. / Calaveras los borrachos / porque dicen picardías, / están
siempre en pulquerías / los viejitos y muchachos; / militares con
penachos / a la tumba irán a dar; / no se vayan a asustar / ver los
muertos con sus velas / si se quieren pronunciar / siempre quedan
calaveras. / Calavera el carpintero, / el sastre y el escribano, / el
platero, el cirujano / y también el zapatero; / hasta el pobre
limosnero / trae la muerte en comisión, / para llevar al panteón / la
frazada y calzoneras, / de levita y de bastón, / todos quedan
calaveras.

En fin, en el duelo eterno entre hombres y mujeres, los hombres dicen:
Las Mónicas, habladoras / las Micaelas, cimarronas / y dos caras, las
Ramonas, / las Domingas, cantadoras, / las Isabelas, traidoras, / las
Rafaelas, altaneras, / las Brígidas, chalequeras, / todas merecen
desprecio, / las traviesas calaveras / vamos a llorarle al hueso. (Y
contestan las mujeres): Calaveras, los Torcuatos / por sus malas
condiciones, / los Manueles, correlones, / los Marianos, mentecatos, /
los Felipes, pataratos, / revoltosos, los Zenones, / los Remigios,
fanfarrones; / que se cierre su congreso, / a rezar a los panteones, /
vamos a llorarle al hueso.