miércoles, 23 de septiembre de 2009

Democracia sin sentido

No sabía si titular Democracia sin sentido o Sinsentidos de la democracia. Es que hay gente que vive la democracia en sus grandes acontecimientos y otra que aguarda en su cueva y luego se llena la boca con la bendita palabra.
Resulta patético comprobar que los acontecimientos verdaderamente democráticos de la última década no corresponden, pero de ninguna manera, al patrimonio de quienes hoy se desgañitan defendiendo la democracia. Mientras el pueblo luchaba en la "guerra del agua", en la "guerra del gas" o en las marchas por la soberanía y el territorio, los actuales defensores de la democracia hacían fortuna, como lo demuestran sus declaraciones de bienes. (Uno entiende que el valor de una casa y un coche juntos pueden superar los 100.000 dólares -- casi 800 mil bolivianos--; pero gente con millones de dólares, ¿de dónde ha salido? ¿Han sido industriales? ¿Comerciantes? ¿Exportadores? ¿Han tenido padres millonarios? Nada de eso; y sin embargo ¡cuánto dinero acumularon!).
La democracia es amor a la Patria, en particular a su elemento principal, que es la gente, los recursos humanos. Es también la defensa de los recursos naturales. Es la defensa de las culturas originarias. Es la defensa del patrimonio nacional. ¿Quiénes practican estas virtudes? Si uno revisa la información publicada sobre las grandes movilizaciones de la última década, ¿quiénes aparecen? ¿Los demócratas de hoy? Je. ¡Ni la sombra de ellos! Sólo los indígenas, los campesinos, el pueblo anónimo de las ciudades en ejercicio de su furia y su dignidad.
Si uno revisa las nóminas de los afiliados a las organizaciones sociales, ¿encuentra acaso a esas damas, a esos caballeros (sobre todo a esos que tienen apellido de casada)? ¡Puros nombres comunes, populares, aymaras, quechuas, guaraníes, itonamas, movimas, abas, guarayos, ayoreos!
Si uno revisa las opiniones de los promotores de la Capitalización, ¿encuentra algún apellido indígena, popular, común y corriente? Más bien uno encuentra nombres de conspicuos demócratas (incluso de extrema izquierda) que fueron gonistas de placard cuando se encandilaron con los gags estilo Alf y Bob Hope de Goni.
Cuando hay ascenso popular, cuando el pueblo se moviliza, estos defensores de la democracia se multiplican. ¿Pero qué defienden? ¿Las movilizaciones populares? ¡No! Defienden los ritos de la democracia formal, porque les gusta eso, el besamanos del Parlamento inglés, la urbanidad de los diputados de las Cortes, la cortesía de los munícipes suizos, el buen humor de los Senadores gringos, mientras les brotan ronchas y salpullido al ver que la Presidenta de la Constituyente es una chola. ¡Ella sí que es una imagen de la democracia en ascenso!
En este orden, Atilio Borón, analista argentino, de paso en estos días por Bogotá, se pregunta: "¿Tiene sentido seguir llamando "democracias" a los regímenes oligárquicos de América Latina?" "Si Aristóteles renaciera y visitara nuestros países, ¿qué diría el padre fundador de la ciencia política ante la visión que ofrecen las democracias latinoamericanas? Seguramente diría que estas no son democracias sino oligarquías o plutocracias, porque según su definición, surgida de la observación de la vida política griega hace 2.500 años, la democracia es un régimen en donde las mayorías gobiernan y lo hacen en beneficio de los pobres".