miércoles, 23 de septiembre de 2009

La cubanía

Cuba es el origen de palabras lozanas y cantarinas como cubanía, cubanidad, cubana y cubanísima. Mi amor por Cuba data de las primeras lecturas de la revista "Bohemia", que hacía con mi hermano Enrique, y hablaban de una isla seductora, una isla del buen decir, una isla de buen ver donde nació el bolero, el son, el danzón, el mambo, el cha cha cha, la rumba antillana, la Trova, la Nueva Trova, así como la revolución, los radioteatros, el azúcar como expresión de júbilo, el tabaco. el mejor ron del universo... y me quedo corto.
Cierta vez, cuando era joven y hacía daño todavía, me tocó bailar un son en un solo ladrillo con una cubana que era puro ritmo interior, sin histerias, un ritmo tranquilo como una tertulia, como la procesión que viene por dentro, como la suave ondulación de sus caderas, como el murmullo de su sangre tropical. Era un balanceo sosegado y persistente, un vaivén, como se dice, que de inmediato me remitió a las carabelas de Colón.
De pronto vi con la mayor nitidez el asombro de los marineros castellanos ante la belleza sobrenatural de las mujeres caribes y el gesto acojonado de Colón, que no se lo quitó jamás ni la fama, cuando sentía que la carabela se movía, se movía, pero a un ritmo que no era el de altamar, a un ritmo nuevo que venía de los tambores de la orilla, del regocijo de ese pueblo feliz, al cual no le faltaban motivos para hacer de la vida una fiesta.
Con ese ritmo intenso y ondulado que movía las carabelas de Colón se movía esa mujer cubana que bailó conmigo una noche inolvidable en La Habana vieja.
Pienso, y lo digo de corazón, que América Latina tiene una deuda cultural inmensa con Cuba, una deuda humana con Cuba, una deuda a secas con Cuba. De allá nos llegó la música, el arte, la revolución, la alfabetización, la utopía, el sueño de ser libres; dones que nos llegaron cuando habían alcanzado su definición mejor. Es una deuda incesante, que se renueva cada día con el peso de la poesía de Martí, de Lezama Lima y de Guillén, con la música del Compay Segundo, la de Silvio y la de Pablo, con las campañas de alfabetización y salud que se extienden por las comarcas más pobres del Planeta, con la imagen del Che, que se ha convertido en el retrato de perfil de la utopía; con el testimonio constante de un pueblo heroico que resiste desde hace casi medio siglo el bloqueo más inhumano que se haya dado jamás en la historia de la humanidad.