miércoles, 23 de septiembre de 2009

Las cosas como son





A Timossi lo conocí en 1999 y me cautivó de inmediato por su voz grave y ese humor cool que tienen los grandes fumadores, probablemente porque si ríen a carcajadas se desbaratan. De inmediato me explicaron que el gran Quino se inspiró en el niño que fue Timossi para crear a ese pibe existencialmente atormentado que es un partenaire genial de
Mafalda: Felipe.
Ocupan la atención del poeta la cama, el arma, la alfombra, la mesa, la lámpara, la copa, el espejo, el reloj, el florero, el botón, el traje, los espejuelos, el tenedor, la puerta, los alfileres, el cepillo de dientes, el teléfono, el cenicero, las cajas, cualquier cosa.
Dice, por ejemplo: A este cenicero se le suponen extinciones, / aplastamientos o todavía colillas / con diligencia de bocas, manos / o consumidas fumaturas, / sueños que se declinan entre el placer / y la venialidad del humo, ígneas sobras / que restriego, que desaliento,
otros / aprontes, papelitos o nicotinas, / y entre esas sustancias perdedoras / a lo mejor seré yo mismo, transida / ceniza, el que me apague.

Dice también: CUALQUIER COSA: Las cosas como son / y también como no son, / (aunque cabe suponer / cómo tendrían que ser), / hay cosas que están mal / y otras por el cielo / (que dejan caer un azul dariano), / las cosas en su sitio, / o el estado de cosas, / como las cosas de palacio / que van despacio, / las cosas que hay que ver / (entre signos de admiración), / la inutilidad de esas cosas, / las cosas de la vida / (cuanto más común / es más abstracto), / el orden
de las cosas / y su vieja armonía, / lo que explica muchas cosas, / grandes cosas, inamovibles, / y las mezquinas, muchas, / cualquier cosa / el amor a las cosas / y su odio complementario, / las cosas que nos unen / y las que son de espanto, / hay cosas imposibles, / del otro mundo, raras, / cosas que nunca he visto, / de risa, de magia, / y hasta por encargo, / o que nunca antes / se me habían ocurrido, / o
de las que no quiero / tan siquiera acordarme / (eso no es cosa suya, / ¿se habrá visto cosa igual?), / cada cosa por su lado, / cada cosa para su cosa, / (cosillas, en algunos casos), / como quien no quiere la cosa, / como si tal cosa, / o como vienen (conformista / y burocrático), / porque hay que dejarse de cosas, / y dejarlas correr / (se sugiere construir / un olímpico cosódromo), / no hay que decir una cosa / por otra y sí decirle cuatro / cosas a alguien, / déjese de cosas (exclamaciones / innecesarias), no es la cosa / para menos, como tampoco / del otro jueves, / (al pie de la letra, / ese único día pascual), / ¿qué cosa es ésta?, / a lo que Chico Buarque / diría: la rosa, / la rosa, porque otra cosa / es con guitarra / o con violín (ya que el piano / no se usa para estas cosas), / será entonces cosa de ver / lo que son las cosas, / además de escuchar / el son de las cosas, / y poner así las cosas / (tanto para una política / como para una estética) / en su punto.
La dedicatoria dice: A Ramón Rocha Monroy, estas cosas que son sus cosas. Con un fuerte abrazo, Jorge Timossi, La Habana, febrero 2003.

Timossi sigue siendo un niño grave y atormentado, sólo que dejó el biberón por un cigarro infaltable de ese tabaco fuerte y aromático que se fuma en Cuba y que es baratísimo y lleva una envoltura muy modesta donde se lee la marca Popular. Meses después recibo una llamada sorpresiva de Timossi. Le había dejado mi novela “La Casilla Vacía” en cuyas páginas cometí un desliz poético que titula Lección de cosas, donde expreso en versos torpes una experiencia inolvidable que sólo podemos sentir los solitarios: que las cosas respiran, que las cosas te esperan, que abres la puerta de tu cuarto y te contemplan con cariño y cuando no tienen a quien esperar, se mueren, como cuando las arrumbas en un desván. Me pidió autorización para usar mi poema como epígrafe de una edición de su libro “Las cosas como son”. Hoy lo tengo en mis manos y sé que él también es un solitario y ha sentido el hálito misterioso de las cosas que esperan.

Timossi anda bastante ocupado en desocupar el aromático y delicioso humo de su vigésimo cigarro del día. Cubano, eso sí, tabaco puro, de esos que acarician el pulmón, la garganta y la humanidad entera.